viernes, 14 de mayo de 2010

1: Sensaciones extrañas…
(Narradora - Elisabeth)


Era un día de primavera demasiado caluroso para mi gusto. Se acababan de terminar las vacaciones de pascua, y mis amigas y yo, habíamos quedado para ir al colegio juntas como siempre.

Gina y Sarah estaban esperándome en la puerta de mi casa, sus gritos demostraban un toque de desesperación. Yo estaba demasiado cansada como para darme cuenta de la hora que era — las 8:15 — y yo sin vestirme siquiera, de pronto, escuche debajo de mi ventana:

— ¡Eli, vamos a llegar tarde! — Supe que lo había dicho Gina por ese toque de autoridad que desprendía su voz, y que cuando ella quería lo hacía incluso intimidante. Gina era esbelta, la más alta de las tres, su pelo largo, rizado y castaño claro le caía por los hombros hasta la cintura. Tenía los ojos de un color difícil de describir, eran azules claros con vetas verdes, y que los días nubosos se le ponían azules grisáceos. Gina era de piel más bien blanca, tenía la nariz pequeñita y redondeada, una boca pequeña con los labios gruesos y tenía pecas en la cara, pero al contrario de muchas otras chicas, a ella no le quedaban infantiles, y ella misma reconocía que le gustaba como le quedaban. Ella era extrovertida, perfeccionista y amable, menos cuando veía a la súper mega popular y pija de Brithany, con la que había estado enfrentada desde la guardería.

— ¡Despierta! Como no vengas rápido nos vamos a tener que ir sin ti, que no llegamos a tiempo al colegio. — Sin duda esa era Sarah, siempre con humor en sus palabras dijese lo que dijese. Sarah, era el polo opuesto de Gina, era de estatura media, pelo liso y marrón por los hombros, sus ojos azules claros siempre demostraban la sinceridad, sencillez y despreocupación. Sarah siempre estaba sonriendo, y siempre intentando hacer chistes de todo.

Me levante de un salto de la cama, y no sé ni como lo hice pero en dos minutos estaba con el uniforme del colegio — una falda de cuadros negros y blancos por encima de las rodillas, un jerséis burdeos con el cuello en forma de pico azul marino al igual que el bajo del mismo, con el escudo del colegio encima del corazón tapando una camisa blanca de botones de la que solo se veían los puños de las mangas y el cuello, unos calcetines blancos y unos mocasines negros. — llevaba la mochila sobre los hombros y estaba cogiendo las llaves y saliendo por la puerta.

En el momento en que Gina y Sarah me vieron, lo único que se les ocurrió fue aplaudirme y decir con tono gracioso “por fin, aleluya, ya era hora” y cosas por el estilo, pero hoy yo no estaba de humor como para bromas y les dije:

—Perdonarme, pero no he pegado ojo en toda la noche; leí algo sobre vampiros y he tenido pesadillas.

Llegamos al colegio justo cuando estaba a punto de sonar la campana.

—Todos adentro, a la clase. — dijo el Sr. Wanaber, el profesor de geografía, un señor bajito y delgado, con la nariz de loro que sostenían una diminutas gafas redondas con el cristal más grueso que he visto, con esa expresión amargada de todos los días. — Todos los días igual, no podía haber estudiado para ser psiquiatra,no , seguro que sería más fácil tratar con locos que con adolescentes — dijo en susurros como si nadie lo pudiese oír, aunque apostaría que lo escuchó más de la mitad de la clase.

Mis amigas y yo nos dirigimos al aula de geografía en el ala este, era una de las pocas clases que nos tocaban a las tres juntas. Aunque esta clase no fuera demasiado aburrida, no es que fuese súper guay ya que las repijas también estaban en ella, lo único bueno que podía sacar de aquella clase era la compañía de mi compañero de geografía, Arthur. Arthur era el hermano de Brithany, una de las repijas, pero no se parecía en nada a su hermana, a veces me pregunto si Brithany no era realmente adoptada de snoblandia, un lugar donde todos fuesen igual de snob y presumidos como ella, pero él era modesto y divertido, no era muy alto pero tenía cara de chico maduro, tenía el pelo largo y marron al estilo skater, tenía unos profundos ojos verdes grandes lucidos por largas pestañas negras, su piel era morena y su cara redondeada. Al contrario, Brithany era no muy alta pero muy delgada, demasiado diría yo, su cara alargada y siempre muy maquillada contenía a unos labios gruesos, una recta nariz y unos ojos marroón verdoso, y tenía un pelo espeso y largo, de un color rubio casi blanco y ondulado, y como he dicho antes un auténtico fastidio.

Gina y Sarah no se sentaban juntas, el primer día de clase el profesor nos asigno unas parejas para la clase aunque a lo largo del curso ha hecho algunos cambios. Sarah, por su desgracia, se sentaba al lado de Alexandra, la amiga de Brithany; que no era tan mala como ella pero por ser popular, era capaz de hacer lo que fuese; menos mal que Sarah es paciente y no se enfada con facilidad a no ser que le pilles el punto débil en el momento equivocado. Gina se sentaba delante de mí y el sitio de su compañero estaba vacío, ya que su antiguo ocupante, Anthony, un chico francés, tuvo que irse del colegio por la separación de sus padres, y se mudo de nuevo a Francia con su madre.

En ese mismo instante el profesor Wanaber habló interrumpiendo todos mis pensamientos.

—Bueno… como sabéis, hoy empieza el último trimestre del curso, así que poneos las pilas ya recargadas, porque mi asignatura solo aprueba a los mejoresy no regala aprobados sin esfuerzo. — Menos mal que yo había aprobado porque sinceramente esta asignatura me costaba un poco de entender y normalmente los exámenes si los aprobaba era con un 5 o poco más.

—Perdón señor Wanaber, ¿puedo hablar con usted un minuto fuera de la clase?

Nuestra tutora, la profesora Miles, más conocida como “La Quisqui”, había entrado en ese mismo momento un poco impaciente, interrumpiendo una clase, woow eso era nuevo, nunca había pensado que a esta profesora precisamente le gustase hacer algo así.

— ¿Qué mosca le habrá picado ahora a esta? — Me preguntó Gina desde el asiento de delante con cara incrédula.

— Ni idea — Le respondí intentando escuchar lo que decían los profesores fuera de la clase sin resultado alguno.

— A lo mejor ha caído un meteorito en el aparcamiento y no saben lo que hacer con él. — Dijo Arthur a mi lado con cara irónica intentando hacernos reír. Creo que se dio cuenta que yo no había llegado muy contenta hoy, pero pensaría que era por la vuelta al colegio.

— Sigue soñando mr. Increíble. — Le cortó rápidamente Gina. Eso sí que me hizo reír, y la cara que se le quedó al bueno de Arthur fue lo mejor.

De repente volvieron a entrar los profesores.

— Hoy han llegado dos alumnos nuevos al colegio, vienen de Washington, son Dennis Larkin y Julia Ávila. Espero que los tratéis decentemente y que se pongan al día pronto — Dijo dirigiéndose a la clase la Quisqui — Buna suerte — Dijo esta vez hacia los nuevos — Gracias Pablo — Esta vez dirigiéndose al Sr. Wanaber.

— No tiene por qué profesora — Le respondió. — Bueno, vosotros chicos tendréis que poneros al día, todo el curso han trabajado en parejas pero creo que puedo arreglarlo. — Le dijo amablemente (lo cual era raro para él) a los nuevos.

Normalmente solía llamarnos por nuestros apellidos y con la cara seria, pero en ellos era distinto y no creo que fuese porque eran nuevos, ya que cuando entramos la primera vez con él, seguía siendo igual de fanfarrón.

— Tú Julia, serás la nueva pareja de la señorita Nistal. Señor Anniston, — (¡Oh no!, mi compañerío se va) — tú te pondrás con la señorita Gilliger, y señorita Griffin póngase con la señorita Anniston.

Julia se acercó a mí para mi sorpresa con gran sutileza y encanto en sus delicados movimientos. Julia era como una muñeca de porcelana, tenía la piel más pálida que había visto en mi vida, tenía los ojos color miel con largas pestañas; el pelo negro y liso con un pequeño tirabuzón en la punta y un cuerpo delgado y aparentemente frágil.

— Y tú, Dennis podrías ponerte de pareja con la señorita Woods. Creo que ahora todos podréis aprender de vuestros nuevos compañeros.

Gina miraba fijamente a Dennis, lo cual no me sorprendió en absoluto, y Brithany la miraba con cara de celos, nunca se llevaron bien la una con la otra.

Dennis era uno de esos chicos a los que ves por la calle y crees que son estrellas de cine o modelos internacionales. Tenía el pelo castaño muy claro- casi rubio- liso, que le caía por la cara tapando unos ojos miel intensos, tenía una boca perfecta adornada por labios gruesos formando una media sonrisa. El chico era alto y fuerte, ancho de espaldas que ni el mismísimo míster universo, que ni siquiera el uniforme conseguía deformar.

Para mi sorpresa, andaba tan delicadamente sobre el suelo como Julia.

Se acerco a su asiento y se colocó al lado de Gina, y le oí decir con una suave voz:

— Me gusta este asiendo — Mientras Gina se concentraba sin resultado alguno, en no ponerse roja como un tomate. — Soy Dennis Larkin, creo que tú debes ser “la señorita Woods”.

— Sí, bueno, soy Georgina Woods. Gina para los amigos.

— En ese caso creo que Gina. — Vi como se le escapaba una sonrisa y conseguía hacer otra en la cara de Gina.

(Vaya este nuevo chico es muy directo, creo que a Gina le gusta.)

— Hola, yo soy Julia Ávila, encantada.

— Hola, yo soy Elisabeth Nistal; pero puedes llamarme Eli si lo prefieres.

— Encantada de conocerte Eli.

— Igualmente, espero que te sientas cómoda en este colegio.

— Creo que ahora sí que puedo estarlo.

Julia era muy simpática y creo que Gina pensaba lo mismo de Dennis. En cuanto a Sarah, a ella siempre le había gustado un poco Arthur así que creo que esta nueva visita nos hizo bien a todas.

— Bueno, — Comenzó el señor Wanaber. — Como os dije antes de vacaciones hoy tendréis un examen para saber si habéis estudiado en esta larga ausencia.

Se me descompuso la cara al acordarme del examen, no había estudiado en todas las vacaciones y no me podía permitir suspender, llevaba la asignatura con un 5 a lo justo.

Julia debió de darse cuenta, porque me preguntó:

— ¿Te encuentras bien?

— Sí, no te preocupes

Pero haciendo caso omiso a mi respuesta dijo:

— Profesor, creo que Elisabeth no se encuentra muy bien, ¿la acompaño fuera?, creo que yo no tengo que realizar esa prueba ya que no di tal tema… — Dijo con una seguridad increíble.

El profesor Wanaber iba a hacer alguna objeción a Julia, pero finalmente dijo:

— Por supuesto, puede acompañar a la señorita Nistal a la enfermería.

Julia me ayudo a levantarme de mi asiento y a caminar fuera del aula mientras todos tenían sus miradas fijadas en mí con curiosidad-hasta pude oír los comentarios enfermizos de las pijas-. Una vez fuera, me dirigió al centenario roble del colegio, allí me soltó, y me recosté sobre el tronco mientras me daba el libro de geografía. Cuando la volví a mirar estaba subida a una rama del árbol.

— ¿Cómo lo has sabido? — le dije incrédula.

— Me lo imaginé, nada más mencionó el examen, te pusiste pálida. — Decía mientras jugueteaba con una manzana entre las manos; y de pronto le dio un mordisco. — Sabes, me gustaría conocer a tus amigas, a ti ya te considero como tal, supongo que cojo confianza rápidamente. Si lo haces, yo te presentaré a mi hermano.

— Ah pero… ¿sois hermanos?

— Sí.

— Pero no tenéis el mismo apellido, no es posible.

— Si que lo es, pero no del todo. Mi madre murió, al igual que su padre, cuando los ambos éramos muy pequeños, yo ya casi ni me acuerdo de ella; y ahora tanto mi padre como su madre están casados.

— ¿Y cuanto hace de eso?, si no te molesta…

— Para nada. Hace relativamente poco tiempo, pero ya somos como hermanos de verdad, como si hubiésemos estado toda la vida juntos. — Julia esbozó una sonrisa como si se tratara de un chiste.

— ¿Por qué te ríes? — La observe incrédula, ¿se estaba riendo de la muerte de su madre?

— Por nada. Creo que nos llevaremos bien.

Me reí con ella, yo sentía exactamente lo mismo.

— Ya sé que estoy siendo un poco lanzada el primer día, pero es que siento que te conociera de toda la vida, me recuerdas a mi antigua amiga, Cloe.

— ¿Qué le ocurrió?

— Nada, solo que se fue…y ahora estudia, que para eso te he traído aquí. — Julia me explicó todo el tema muy rápido. Con ella no era igual que con el profesor, con ella lo entendía todo perfectamente y a la primera y eso que según Julia no había dado ese tema de la India.

Cuando hubimos terminado, las dos regresamos a clase.

— Profesor, ya me encuentro mejor y creo que podré hacer el examen.

— ¿pero te dará tiempo terminarlo?

— Eso intentaré.

— Muy bien, aquí tiene.

Hice el examen rapidísimo y con la siempre agradable sensación de estaba tirado y me sabia todas las respuestas.

Cuando terminó la clase, nos dirigimos al pasillo para recoger los libros de la siguiente clase.

— ¿Te encuentras mejor?

— Sí

— ¿Seguro…?. No sé, te veo más pálida de lo normal. — Dijo Sarah con tono de preocupación.

— Que si chicas, de veras… Bueno Sarah, vamos a llegar tarde a clase de biología. Adiós Gina, nos vemos luego.

— Adiós, chicas




— ¡Sabes!, eso de que la Quisqui nos ponga deberes de bachillerato. Es muy complicado, y encima no explica casi nada. Este trimestre suspendo su asignatura, a no ser que me apunte a clases particulares… ¡ELIIIIIIIII!, ¿me estás escuchando?

— ¡¿Quieres parar?!, ¡No estoy sorda! — Dije con un grito.

Julia estaba andando en nuestra dirección, parpadeé un segundo y estaba tan cerca que me puse bizca al mirarla.

— Hola, ¿Cuál es vuestra siguiente clase? La mía es biología pero no sé dónde está esa clase.-dijo Sarah.

— Casualidad o destino, no importa, pero nosotras tenemos exactamente la misma clase ahora. — dijo Sarah.mientras que a medida que más hablaba más se le cambiaba la cara hasta hacer una mueca de sorpresa y felicidad típica de cualquier niño cuando ha aprendido a montar en bici.

— ¡Qué bien!, ya pensaba que iba a estar sola en esta clase.

Decía sin que se le quitase la cara de felicidad.

— Creo que no nos hemos presentado, soy Julia Ávila, y tu eres…

— Soy Sarah Gilliger, encantada.

— Chicas, no es por interrumpir esta agradable presentación pero hace 5 minutos que empezó la clase, y la Quisqui no nos dejará entrar si llegamos tarde.

Corrimos todo lo que pudimos por los desiertos pasillos del colegio, pero cuando hubimos llegado a la clase, por suerte, la profesora todavía no había llegado. Nos sentamos en los asientos de detrás, los únicos que están puestos de tres, para que ninguna se quedase sola.

A los pocos segundos entro la Quisqui con cara de agobio.

— Lo siento, pero me temo que no podremos dar esta clase, — Todos nos quedamos mirándola incrédula. — pero ha surgido un problema con el ordenador central, y se han borrado muchos historiales de alumnos. Yo, como directora, — esta parte la dijo más segura y feliz por tener ese importante cargo en el colegio. — estoy obligada a reponer los daños. Así que, temiéndolo mucho, tenéis la hora libre.

No nos faltó ni medio segundo para dejar el aula completamente vacía.

Las tres nos dirigimos al aparcamiento, y mientras esperábamos que comenzase la siguiente clase, nos quedamos hablando de todo menos del colegio.





Cuando hubo acabados las clases de la mañana nos dirigimos a la cafetería. Gina, Sarah y yo nos sentamos en la misma mesa de siempre con nuestra comida en una bandeja. Yo no veía por ningún lado de la cafetería a Julia.

— Hola, yo soy Julia — dijo dirigiéndose a Gina, ella era la única que todavía no conocía. — ¿me puedo sentar con vosotras?

— Claro, que yo sepa, esa silla no tiene nombre.

— Eli, le he dicho a mi hermano que venga a conoceros, normalmente es un poco tímido, pero estaba deseoso de que os lo presentara. — me pareció ver una mirada cómplice a Gina, aunque podría haber sido imaginación mía.

— Genial, que venga — dijo Gina segura de sí misma como solía estar — pero… ¿Quién es tu hermano?

— Creo que tu ya lo conoces, es Dennis — parecía magia pero justo cuando estaba diciéndolo, Dennis apareció detrás de ella.

— Hola — dijo dirigiéndose solo en una dirección, la de Gina — soy Dennis, encantado. — esta vez a Sarah y a mí.

— Igualmente — dijimos Sarah y yo al unísono. — Gina estaba completamente en estado de shock.

<> escuchaba que decía una voz dentro de mí, <> Pero de repente me acordé de Arthur, y me sentí culpable por pensar eso de aquel chico. Arthur y yo no estábamos juntos ni mucho menos, solo éramos compañeros de clase, pero a mí me había gustado desde siempre.

Cuando volví a mirar a Gina, ahora estaba confusa, conocía esa cara y… sí, estaba confusa. Y de pronto dijo:

— Como vais a ser hermanos los dos si no tenéis los mismos apellidos. — no era un pregunta, sino una afirmación. Sabía que se estaba dirigiendo a Julia porque si bien no me equivocaba, ¿mirar a Dennis la aturdía y hacia que entrase en estado temporal de shock?, no había visto así a Gina por un chico que acababa de conocer desde… emmm, nunca.

— Mi madre y su padre murieron, cuando los dos éramos muy pequeños, y ahora tanto mi padre como su madre están casados.

— Pues yo siempre había pensado en hermanastros como algo malo, pero parece que a vosotros os va bien. — dijo Sarah.

— No te creas que es tan fácil aguantar a este pequeño monstruito todos los días. — Dijo Dennis a la vez que alborotaba los pelos de su hermana.

— ¡¿He de recordarte que soy mayor que tú?! — le respondió Julia molesta; ¿pero el tema de la edad era lo que le había molestado?, yo me enfadaría si me dijesen que soy un monstruo.

— Enhorabuena, estas echa toda una vieja. — Al parecer Dennis sabía cómo hacer rabiar a Julia.

Se nos fue de la cabeza la hora riéndo y hablando y ninguno toco su comida cuando tocó la campana, era la hora de entrar otra vez a clase.



Cuando hubieron terminado todas las clases, Gina Sarah y yo, como cada día, nos marchamos a casa. Vimos de lejos que Dennis y Julia se marchaban en otra dirección, la opuesta a la nuestra.

En el recorrido de vuelta, mi casa era la primera que venía, por lo que me quede allí, mientras las otras seguían por la calle hasta sus casas.

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